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El Proyecto ‘DetERminantes del retraso diagnóstico’ revela que el impacto psicosocial de las enfermedades raras es mayor en las personas con retraso diagnóstico


El proyecto ‘DetERminantes del retraso diagnóstico: repercusión social y familiar’ revela que el impacto psicosocial de las enfermedades raras (ER) es mayor entre las personas con retraso diagnóstico; una conclusión que se extrae tras analizar el impacto psicosocial consecuencia de una detección tardía.

El estudio pionero, impulsado por el Instituto de Investigación de Enfermedades Raras (IIER), del Instituto de Salud Carlos III, la Federación Española de Enfermedades Raras (Feder) y el Centro de Referencia Estatal de Atención a Personas con Enfermedades Raras y sus Familias (Creer), del Imserso, tiene el objetivo de analizar los factores, las causas y las consecuencias del proceso diagnóstico que viven las personas con ER, así como sus consecuencias.

Los datos obtenidos indican que aquellas personas que tardan más de un año en obtener su diagnóstico sufren mayores dificultades respecto a las personas que lo obtienen en el plazo de uno, especialmente en aspectos como explicar síntomas a amigos cercanos y familiares, la dificultad para justificar las ausencias laborales o educativas por motivos médicos, la falta de apoyo psicológico, la pérdida de independencia debido a la enfermedad y la pérdida de oportunidades, también laborales o educativas.

Ante las cifras recopiladas, el proyecto recalca la importancia de una detección temprana y sus beneficios. Actualmente, el 57% de las personas con ER sufre retraso diagnóstico, y casi el 21% debe esperar más de una década para obtenerlo. El 19% acarrea un tiempo de espera de entre uno y tres años y casi el 17%, de entre cuatro y nueve. Las personas con enfermedades vinculadas al comportamiento y la salud mental sufren incluso una mayor demora.

En línea con estos datos, el estudio sitúa el momento del diagnóstico como un punto de inflexión en la vida de las personas con ER. Cuando obtienen al fin su diagnóstico experimentan una mayor mejoría con relación a las personas sin demora diagnóstica en cuanto a la irritabilidad, la frustración, la dificultad para concentrarse en la vida cotidiana y el miedo.

Otro de los aspectos claves en los que se ha centrado el proyecto ‘DetERminantes del retraso diagnóstico’ es la necesidad de atención psicológica de los pacientes, concluyendo que, durante el proceso de búsqueda de diagnóstico, las personas con demora diagnóstica precisaron una mayor atención en este ámbito respecto a las personas diagnosticadas en el plazo de un año.

Este proyecto, iniciado en 2019, ha recogido la experiencia de un total de 3.304 personas con diagnóstico de enfermedad rara inscritas en el Registro de Pacientes con Enfermedades Raras, del ISCIII, disponiendo de información más detallada de 1.390 participantes divididos en dos grupos: las personas que han obtenido su diagnóstico en un año y aquellas que lo han obtenido después.

Los datos analizados han sido facilitados por las propias personas con enfermedades raras. Así, en función de dos criterios de segmentación, edad y sexo, los datos procedentes de los participantes en el estudio de las consecuencias psicosociales revelan que las personas que tienen una ER y retraso diagnóstico suelen ser mujeres –una media de edad de 50,5 años-; es decir, el impacto global de las implicaciones sociales es mayor en las ellas que en los hombres.

Un hallazgo que está en línea con resultados publicados anteriormente y que indican desigualdad de género.
Los resultados del impacto psicosocial del retraso diagnóstico han sido publicados en la revista internacional PLOS ONE de la mano de siete autores que representan a las tres organizaciones impulsoras del estudio.

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