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Informe referencial sobre ampliación con nuevos personajes a la comitiva de los Gigantillos y Gigantones


La Reina Doña Berenguela nació en 1179. Era hija del Rey Alfonso VIII y de la Reina Doña Leonor de Plantagenet, y, por línea materna, nieta de Enrique II Rey de Inglaterra.

Mujer de carácter, pasaría a la historia como una férrea defensora de sus convicciones y virtudes, las mismas que le sirvieron para enfrentarse a infinidad de problemas sucesorios y de altercados en Castilla.

Doña Berenguela destacó por su gran capacidad de mediación, la misma que la llevó a ser asesora y consejera personal del Rey Fernando III, fundador de la Catedral de Santa María Burgos. En este ámbito, es conocida su mediación en el conocido como Pacto de Toro (1218), que puso fin al enfrentamiento que había entre castellanos y leoneses.

Su empeño por impulsar formación en diferentes ramas, como la moral o la intelectual, acrecentó su legado, ya que encabezaría una de las dinastías más relevantes de la historia de España. Madre de Fernando III El Santo, fue además abuela de Alfonso X El Sabio y de la Infanta Leonor, hasta quienes llegó ese interés formativo y conciliador.

Beatriz de Suabia (C. 1198-1235)
Beatriz de Suabia nació en torno a 1198 y por sus venas corría sangre de los dos principales imperios medievales, el Sacro Imperio Romano Germánico y el Imperio Bizantino.

Llegó a Burgos para contraer matrimonio con Fernando III El Santo. La ciudad la recibió con los brazos abiertos. De hecho, los cronistas de la época destacan el júbilo de aquel momento.

Desde entonces, su lugar de residencia de preferido sería el Monasterio de Las Huelgas Reales.

A partir de este momento la reina Beatriz no se separó nunca de su marido, salvo en las contiendas guerreras, siendo siempre su lugar preferido de residencia el burgalés monasterio de las Huelgas Reales. Estuvo presente en 1221 en la colocación de la primera piedra de la Catedral de Santa María.

Fallecía en la localidad zamorana de Toro en 1235. Su cadáver fue trasladado al monasterio de las Huelgas Reales de Burgos y enterrado con todos los honores. Su hijo Alfonso lo trasladó 40 años más tarde a la Catedral de Sevilla, para que descansase junto al de su marido Fernando III.

Mencía de Mendoza y Figueroa (C.1421-1500) (Condesa Mencía)
Mencía de Mendoza y Figueroa nació en 1421, probablemente en Guadalajara. Con una excelente educación basada en las artes, la literatura y la cultura. Contraería matrimonio en 1436 con Pedro Fernández de Velasco, segundo conde de Haro y Condestable de Castilla desde 1473, que había nacido en Burgos tan solo 11 años antes.

La historia la describe como una mujer muy inteligente, bien instruida y con decidida capacidad de mando.

Durante las largas campañas guerreras de Don Pedro en el conflictivo reinado de Enrique IV, y en la reconquista de los últimos territorios musulmanes por los Reyes Católicos, se encargó de la gestión de las amplias posesiones familiares, en especial en Las Merindades.

Su buena administración posibilitó la obtención de cuantiosas rentas con las que decidió enriquecer el patrimonio que le había sido encomendado. Dedicándolas en buena parte a la construcción en nuestra ciudad de la famosa Casa del Cordón, de la capilla de los Condestables en la Catedral y de la Casa de la Vega, una finca de recreo a las afueras de Burgos.

Todo ello le permitió, según cuenta la tradición, decir a su marido: “Ya tienes palacio en que morar, quinta en que holgar y capilla en que orar y te enterrar”.

Ejerció el mecenazgo en otras varias fundaciones religiosas, entre ellas el convento franciscano de San Pedro Regalado, en la Ribera burgalesa, en el que, por mandato de Isabel la Católica, de la que era camarera, costeó en 1492 el sepulcro en alabastro de su titular; apoyando la reforma franciscana iniciada por el P. Villacreces.

La Casa del Cordón se levantó por Juan y Simón de Colonia, entre 1476 y 1482, con la finalidad de sustituir la antigua residencia de los Velasco en Burgos; siendo alhajada con calidad y buen gusto por Doña Mencía. En ella se alojaron los Reyes Católicos y recibieron a Cristóbal Colón al regreso de su segundo viaje a América.

Una vez finalizada empezaron las obras de la capilla de la Purificación, popularmente conocida por la del Condestable o de los Condestables, situada en un gran espacio que nace en la girola del templo catedralicio; tras establecer los imprescindibles acuerdos con el cabildo, se empezó a construir en 1482, cerrándose la bóveda en 1494, bajo la dirección de

Simón de Colonia. Gil y Diego de Siloé y Felipe de Vigarny se encargaron de llevar a cabo los esplendidos retablos que la adornan.

Concebida como capilla funeraria, al morir Doña Mencía en Burgos en 1500, para realizar las esculturas de su tumba, Alonso de Berruguete hizo un molde en cera de su cara, que remitió a Italia para que fuera reproducida en mármol de Carrara por Juan de Lugano.

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