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Andando Burgos indica que los patinetes eléctricos de alquiler son un error municipal en materia de movilidad

La noticia de este martes 9 de marzo de 2021 es que habrá en Burgos entre 200 y 300 VMP o “vehículos de movilidad personal” de alquiler. Un error bien conocido que han cometido ya muchas ciudades y del que nuestros representantes municipales no parecen haber aprendido, dejándose arrastrar de un modo bisoño por la moda y por los intereses privados.

Lo primero que debería hacerse siempre es asegurarse de que no hay lagunas legales, porque las hay, como puede ser el seguro del contrato de alquiler y la responsabilidad civil, o las condiciones contractuales en español y bajo jurisdicción judicial española. Además, debería hacerse patente en dónde reside el interés general de cualquier decisión, es decir, justificar por qué hacer esto y exponer qué gana la ciudadanía.

Porque no vale decir que esto se está haciendo en otros sitios y vale menos aún aducir que responda a la movilidad sostenible. Afirmar que este asunto tenga que ver con el principio de movilidad sostenible es muy discutible. Son vehículos de movilidad personal, a motor, y nada tienen que ver con la movilidad activa ni con los medios alternativos en términos de movilidad sostenible. Una cosa es aceptar la presencia de los VMP en la ciudad en el contexto de la descarbonización (si dejamos a un lado el asunto de las baterías de litio) y otra muy distinta es promoverla.

Una cosa es el VMP de un particular, que siempre lo llevará consigo, y otra muy distinta es el VMP de alquiler que se coge y se deja al albur de un interés individual y en buena medida contra el interés general. Los VMP de alquiler funcionan con localizadores que el usuario puede encontrar mediante una aplicación móvil. Localizados por este medio todos los VMP libres, el usuario puede acudir al más cercano, desbloquearlo mediante un código identificador y usarlo pagando por el tiempo de utilización.

Y esta versatilidad tan práctica para el usuario es al mismo tiempo el problema gravísimo de este asunto. Porque los VMP de alquiler se dejan allí donde a cada usuario le conviene, o sea, en cualquier sitio. La naturaleza de su propio funcionamiento lleva a que se desperdiguen y estén por todos lados. Una de las agresiones más modernas y absurdas al espacio peatonal es la de estos patinetes abandonados a la espera de que alguien pague y lo use.

En Estocolmo y muchas otras ciudades europeas se percibe fácilmente hasta qué punto es una peste encontrarse con trastos de estos dejados por todos sitios, en cualquier espacio, a veces tirados de cualquier modo, y, desde luego, siempre en la acera. Recientemente en París y en otras ciudades, tras una etapa de enorme caos, han habilitado puntos de estacionamiento ordenado para estos patinetes de alquiler, e incluso han reglado el establecimiento de multas para los usuarios que dejen el patinete en los espacios peatonales, sanciones que son muy difícilmente denunciables.

Menuda contradicción crear un problema y luego idear el modo deminimizarlo. Los grandes operadores de turno que tienen el control tecnológico y obtienen grandes beneficios no tienen ningún problema con los VMP distribuidos por toda la ciudad, aunque estén tirados de mala manera, pues eso acerca más el servicio al usuario potencial. El problema lo tendremos los peatones, que deberemos sortear nuevos trastos que obstruyen el paso.

En definitiva, Andando Burgos se opone radicalmente a este tipo de “servicio de movilidad” por las siguientes razones: porque el sistema carece de las suficientes garantías legales (contrato,seguro, controles), porque resulta una agresión a la peatonalidad (por no hablar de la agresión a la imagen de la ciudad) si no se regula y adecúa previamente su estacionamiento en los lugares adecuados de las calzadas, y porque supondrá inversiones municipales que deberían dirigirse hacia los auténticos retos de la movilidad sostenible.

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